En la Biblia, específicamente en el libro de Génesis capítulo 41, se relata el acontecimiento del sueño del Faraón y la interpretación del mismo por parte de José. Para resumir el relato, es acerca de los tiempos buenos y los malos, representados por vacas gordas y flacas respectivamente.
En el relato, la recomendación que da José durante la época de las vacas gordas es la prudencia, el ahorro, la buena administración, de tal manera que cuando llegue el tiempo de las vacas flacas, no haya dolor, hambruna ni desesperación. Una de los mensajes del relato es que el Faraón se llevó de consejo y el pueblo no sufrió las consecuencias de las vacas flacas.
Haciendo un paralelismo entre una época tan distante a la nuestra, dados los hechos y presentadas las estadísticas y proyecciones, estoy convencido de que el tiempo de las vacas flacas ha llegado. Aquellas personas, empresas, países que se prepararon para esta época y la que viene, sufrirán, pero no al punto de la desesperación; sin embargo, aquellos que malgastaron, derrocharon y no pensaron a mediano o largo plazo, muy probablemente les pase como Jesús dijo en Mateo “Allí será el lloro y el crujir de dientes”.
Es muy probable que sea muy tarde, para algunos, recomendar prepararse para las vacas flacas; sin embargo, para aquellos para los cuales aún hay tiempo, analicemos que nada es para siempre, y a medida que pasan los años, los períodos de abundancia, paz y tranquilidad cada vez se hacen más cortos y pasajeros.
Seamos prudentes. Mientras estemos en los períodos de vacas gordas no nos olvidemos de que existen también los de vacas flacas.
Proverbios 17:27
El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; de espíritu prudente es el hombre entendido.
Santiago 4:13-15
Escúchenme, ustedes, los que dicen así: "Hoy o mañana iremos a la ciudad; allí nos quedaremos todo un año, y haremos buenos negocios y ganaremos mucho dinero". ¿Cómo pueden hablar así, si ni siquiera saben lo que les va a suceder mañana? Su vida es como la niebla: aparece por un poco de tiempo, y luego desaparece. Más bien deberían decir: "Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o aquello".
“La calidad de la vida se reduce en definitiva a la calidad de lo que uno aporta”.
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